Estaremos todos de acuerdo que un dulce agasajo a ninguno amarga el maltrecho ego, pero en muchas ocasiones tras la extrañeza inicial y llevados por la placentera importancia, no nos paramos a pensar en cual es el motivo.
Como si se tratara de lozana que esconde tras el abanico la sonrisa de quien descubre el farol del adulador caballero que le lleva flores al encalado patio, nos dejamos llevar sin importarnos las consecuencias, coqueteando ante la simpática persona que con tanto acierto valora nuestras virtudes.
Es importante que el de cautivadora personalidad, haga creer que su acción es un sacrificio por y para nuestro bienestar. Aduladores hay muchos, pero los buenos escasean, y bien posicionados ocupan cargos importantes en nuestro entorno.
Hoy voy a hablaros del mejor de los mejores, del Houdini de los balances, el merodeador de acertantes, el ayatolá de las finanzas, el príncipe de los préstamos; este bendito no es otro, que el director de un Banco.
Si por avatares del destino tienes que ir a pedir un préstamo, no dudes en acercarte a tu banco amigo.
La sucursal que trabaja por ti y en la que su jefe te hará sentir como el mejor de los clientes, espera para ayudarte; la cabeza visible e imagen del grupo, para el que nada significa un apretón de manos mientras no vaya acompañado de la rúbrica de un notario, intentará sacar el acuerdo menos malo para ti, pero también el mas beneficioso y ventajoso para él.
El entramado económico de las super-firmas es tan complicado que muchos de los trabajadores de la propia banca se pierden en el laberinto de inversiones. Comprenderlo no es fácil y únicamente remontándonos al principio del negocio y utilizando la imaginación, podemos los mundanos asalariados hacernos una idea.
Supongamos un granjero que poseedor de una cabra, media docena de gallinas y un par de cerdos, decide un buen día construir un pequeño establo para resguardar sus posesiones. No tiene dinero y va a vender uno de sus marranos para sufragar los gastos. Un paisano que tiene 10 monedas de oro le propone prestárselas a cambio de devolverle al verano siguiente sus 10 piezas mas un diez por ciento de regalo por la buena acción y el riesgo contraído.
Entonces como ahora el dinero escaseaba, por lo que solo existían esas diez monedas iniciales, relucientemente pulidas y acuñadas para la ocasión.
Acepta el trato nuestro pobre campesino pensando que el negocio es redondo al permitirle llevar a cabo la reforma, manteniendo sus posesiones intactas.
Sin saberlo ha sido victima del primer banquero que se forrará a su costa.
El préstamo será imposible de devolver en los términos pactados, puesto que, habiendo tan solo diez piezas en circulación, es imposible que le pueda devolver la moneda de los intereses. El año ha pasado y viendo el infortunado engañado que no tiene las once monedas, transmite su preocupación al prestamista quien adulador y feliz le propone que le pague solo los intereses de los 365 días, a la espera de mejores momentos.
¿Os resuelve esto la duda de por qué pagamos al principio más interés que capital?
Resignado pero contento le da una moneda debiéndole todavía las 10 prestadas inicialmente, con el inconveniente de que al pobre cliente solo le quedan nueve.
¿Como lo hará, llegado el siguiente vencimiento?
Lo mismo sucede año tras año por lo que al décimo verano está sin dinero, debiendo la suma principal causante de su ruina y perdiendo animales y granja por incumplimiento del contrato.
El banquero acuñaba ayer o imprime hoy la cantidad solicitada, pero se olvida siempre de hacerlo con los intereses.
Añadamos a este pequeño y sencillo relato la inadvertida sutileza de que cuando ingresan tu préstamo en la cuenta no puedes disponer de efectivo material, ya que una transacción es solo números en un movimiento intangible registrado en la contabilidad, y reconoceremos que este chanchullo es verdaderamente la manera en que trabaja hoy en día nuestro fiel compañero. Tan solo un diez por ciento de todo el dinero utilizado y movido en las operaciones financieras que se realizan en el mundo, es real.
Y es que aunque parezca mentira, la crisis junto con la política restrictiva de prestar ha llevado a los usureros a quedarse sin cuartos contantes y sonantes. Son tan insolventes como siempre.
El grifo a los compradores a plazos se ha cerrado y temerosos, se ven en la obligación de intentar que el dinero custodiado no se mueva ni una micra de las cuentas de balance positivas, al menos al cierre, ofreciendo sus servicios a quienes teniendo más capital menos lo necesitan. La razón es evidente si ponemos de manifiesto que la mayor porción del pastel de las entidades, sale de los beneficios que ganan jugando y gastando nuestros ahorros.
Menudo tinglado tienen montado a nuestra costa conscientes de que no iremos una vez por semana a ver, contar y velar por nuestro dinero. Hasta los ricos son previsibles, sabiendo las oficinas que estadísticamente solo disponen en periodos regulares de un diez por ciento de lo guardado. Tonto sería para un oportunista no sacar renta del noventa restante.
Todo lo que habéis leído es espeluznante pero cierto, demostrando que la realidad supera a la ficción.
En esta farsa estaba basado el caso que tanto nos escandalizó del Forum Filatélico. Imaginad solo por un momento lo que pasaría si todos los clientes de una entidad bancaria decidiéramos sacar de golpe todo nuestro dinero.
Cuando mi padre pensaba y decía que si no metieron a Lola Flores en la cárcel por todo el dinero defraudado, como le iban a meter a él por unos pocos millones de las antiguas pesetas, ahora sé que era porque desconocía el funcionamiento de los amigos de Ali Babá.
Termino felicitando al director de mi oficina amiga por tan esplendida interpretación y puesta en escena reforzada en su realismo entre papeles solicitados, avales, nominas, tasaciones y gastos de notaría que por supuesto pagué yo, y deseando que a sus mandos les aprovechen los beneficios obtenidos a mi costa, suplicando que no lo inviertan como lo hacen hoy, en la industria armamentísticas que fabrican letales bombas de racimo según denuncia un informe anual de la O.N.U., responsables de miles de muertes de niños inocentes.








