El timo de la estampita bancaria.

Publicado septiembre 15, 2008 por elportaminas
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Estaremos todos de acuerdo que un dulce agasajo a ninguno amarga el maltrecho ego, pero en muchas ocasiones tras la extrañeza inicial y llevados por la placentera importancia, no nos paramos a pensar en cual es el motivo.

Como si se tratara de lozana que esconde tras el abanico la sonrisa de quien descubre el farol del adulador caballero que le lleva flores al encalado patio, nos dejamos llevar sin importarnos las consecuencias, coqueteando ante la simpática persona que con tanto acierto valora nuestras virtudes.

Es importante que el de cautivadora personalidad, haga creer que su acción es un sacrificio por y para nuestro bienestar. Aduladores hay muchos, pero los buenos escasean, y bien posicionados ocupan cargos importantes en nuestro entorno.

Hoy voy a hablaros del mejor de los mejores, del Houdini de los balances, el merodeador de acertantes, el ayatolá de las finanzas, el príncipe de los préstamos; este bendito no es otro, que el director de un Banco.

Si por avatares del destino tienes que ir a pedir un préstamo, no dudes en acercarte a tu banco amigo.

La sucursal que trabaja por ti y en la que su jefe te hará sentir como el mejor de los clientes, espera para ayudarte; la cabeza visible e imagen del grupo, para el que nada significa un apretón de manos mientras no vaya acompañado de la rúbrica de un notario, intentará sacar el acuerdo menos malo para ti, pero también el mas beneficioso y ventajoso para él.

El entramado económico de las super-firmas es tan complicado que muchos de los trabajadores de la propia banca se pierden en el laberinto de inversiones. Comprenderlo no es fácil y únicamente remontándonos al principio del negocio y utilizando la imaginación, podemos los mundanos asalariados hacernos una idea.

Supongamos un granjero que poseedor de una cabra, media docena de gallinas y un par de cerdos, decide un buen día construir un pequeño establo para resguardar sus posesiones. No tiene dinero y va a vender uno de sus marranos para sufragar los gastos. Un paisano que tiene 10 monedas de oro le propone prestárselas a cambio de devolverle al verano siguiente sus 10 piezas mas un diez por ciento de regalo por la buena acción y el riesgo contraído.

Entonces como ahora el dinero escaseaba, por lo que solo existían esas diez monedas iniciales, relucientemente pulidas y acuñadas para la ocasión.

Acepta el trato nuestro pobre campesino pensando que el negocio es redondo al permitirle llevar a cabo la reforma, manteniendo sus posesiones intactas.

Sin saberlo ha sido victima del primer banquero que se forrará a su costa.

El préstamo será imposible de devolver en los términos pactados, puesto que, habiendo tan solo diez piezas en circulación, es imposible que le pueda devolver la moneda de los intereses. El año ha pasado y viendo el infortunado engañado que no tiene las once monedas, transmite su preocupación al prestamista quien adulador y feliz le propone que le pague solo los intereses de los 365 días, a la espera de mejores momentos.

¿Os resuelve esto la duda de por qué pagamos al principio más interés que capital?

Resignado pero contento le da una moneda debiéndole todavía las 10 prestadas inicialmente, con el inconveniente de que al pobre cliente solo le quedan nueve.

¿Como lo hará, llegado el siguiente vencimiento?

Lo mismo sucede año tras año por lo que al décimo verano está sin dinero, debiendo la suma principal causante de su ruina y perdiendo animales y granja por incumplimiento del contrato.

El banquero acuñaba ayer o imprime hoy la cantidad solicitada, pero se olvida siempre de hacerlo con los intereses.

Añadamos a este pequeño y sencillo relato la inadvertida sutileza de que cuando ingresan tu préstamo en la cuenta no puedes disponer de efectivo material, ya que una transacción es solo números en un movimiento intangible registrado en la contabilidad, y reconoceremos que este chanchullo es verdaderamente la manera en que trabaja hoy en día nuestro fiel compañero. Tan solo un diez por ciento de todo el dinero utilizado y movido en las operaciones financieras que se realizan en el mundo, es real.

Y es que aunque parezca mentira, la crisis junto con la política restrictiva de prestar ha llevado a los usureros a quedarse sin cuartos contantes y sonantes. Son tan insolventes como siempre.

El grifo a los compradores a plazos se ha cerrado y temerosos, se ven en la obligación de intentar que el dinero custodiado no se mueva ni una micra de las cuentas de balance positivas, al menos al cierre, ofreciendo sus servicios a quienes teniendo más capital menos lo necesitan. La razón es evidente si ponemos de manifiesto que la mayor porción del pastel de las entidades, sale de los beneficios que ganan jugando y gastando nuestros ahorros.

Menudo tinglado tienen montado a nuestra costa conscientes de que no iremos una vez por semana a ver, contar y velar por nuestro dinero. Hasta los ricos son previsibles, sabiendo las oficinas que estadísticamente solo disponen en periodos regulares de un diez por ciento de lo guardado. Tonto sería para un oportunista no sacar renta del noventa restante.

Todo lo que habéis leído es espeluznante pero cierto, demostrando que la realidad supera a la ficción.

En esta farsa estaba basado el caso que tanto nos escandalizó del Forum Filatélico. Imaginad solo por un momento lo que pasaría si todos los clientes de una entidad bancaria decidiéramos sacar de golpe todo nuestro dinero.

Cuando mi padre pensaba y decía que si no metieron a Lola Flores en la cárcel por todo el dinero defraudado, como le iban a meter a él por unos pocos millones de las antiguas pesetas, ahora sé que era porque desconocía el funcionamiento de los amigos de Ali Babá.

Termino felicitando al director de mi oficina amiga por tan esplendida interpretación y puesta en escena reforzada en su realismo entre papeles solicitados, avales, nominas, tasaciones y gastos de notaría que por supuesto pagué yo, y deseando que a sus mandos les aprovechen los beneficios obtenidos a mi costa, suplicando que no lo inviertan como lo hacen hoy, en la industria armamentísticas que fabrican letales bombas de racimo según denuncia un informe anual de la O.N.U., responsables de miles de muertes de niños inocentes.

“Aniceto”, anda suelto.

Publicado septiembre 12, 2008 por elportaminas
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Contrario al berrinche incomprendido del niño al que se le niega el juguete de su último y más reciente sueño, que será sustituido por el del pasillo siguiente, el disgusto del hipocondríaco lejos del destierro con el descubrimiento de un nuevo peligro, se añade en un suma y sigue a la enciclopedia médica personal, a todos transferible y solo compartida entre los que agraciados con la virtud de la paciencia, escuchan y administran el placebo que otras veces funcionó.

En un imperialDivide et vinces” de polos iguales, se impide y desaconseja la unión de aprensivos, descargando en la casualidad toda culpabilidad del melodrama producido cuando raramente se juntan dos de la misma condición.

En mi caso, engordando la estadística, tuve en suerte de arrimarme a la fortaleza, disimulando entre su aguante al sufrimiento mi flaqueza ante la enfermedad y la fobia y terror a los médicos; acompañado por mi mujer y en un derroche de valor, he logrado incluso salir andando victorioso de una analítica.

Y es lo que siempre digo cuando me sale el instinto paternal hacia mi camada:

“Si algo tiene que suceder a los niños, que le pase a su madre”.

El enemigo acecha y parapetados en la información nos sentimos promotores de los síntomas, bajo el mando de una tensa calma, evitando a toda costa convertirnos en protagonistas de la batalla.

Al igual que la luciérnaga es atraída por la luz, el foco del que nos nutrimos los aprensivos son las conversaciones y datos publicados, que nos aportan la dosis de inmunidad que necesitamos para esconder el pavor a caer enfermos bajo los efectos de algo que desconocemos.

Un novedoso enemigo invisible ha surgido, para disgusto de mis entrañas, llamado Acinetobacter Baumannii, que siendo una bacteria y produciéndome únicamente escalofríos, me referiré a ella desde hoy como “Aniceto”.

Al parecer “Aniceto” tiene la particularidad de vivir con nosotros durante años sin que nos enteremos, en nuestra piel, en prendas de ropa, etc…; viaja sin pagar billete y siendo la inofensiva compañía, en un ataque de rabieta que quien entiende a estos bichos, puede ser mortal.

Lo peor de mi reciente descubrimiento es que los científicos se han dormido en los laureles y que confiados en tener dominadas toda clase de bacterias con los socorridos y auto recetados antibióticos se dan de bruces con un arma de destrucción masiva en nuestro organismo, que se pone a tocar las pelotas en el peor de los momentos, que no es otro que estando bajos de defensas.

A Todos mis familiares, amigos y conocidos, sabedores de lo reacio que soy a las visitas hospitalarias y tras la noticia de que “Aniceto” se hace fuerte en los centros sanitarios, os comunico mediante esta entrada que desde este momento las corto de raíz.
Por supuesto, me preocuparé por vosotros y os veré utilizando la maravillosa tecnología 3G, que hasta que se demuestre lo contrario, no se conocen casos de propagación por las ondas.

Si soy yo el que cayera enfermo os eximo de semejante calvario, que aunque ahora se os antoje alarmante, me agradeceríais si supierais lo fácil que es cogerlo.

Que paséis feliz enfermedad y si a alguno le toca en suerte la Anicetoprimitiva, le veo adornado entre flores al otro lado del cristal.

Menos mal que yo soy un valiente y todo esto es una recreación.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

¿Existe alguna poderosa razón para abandonar un hijo?

Publicado septiembre 10, 2008 por elportaminas
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A lo largo de mi vida, a más de una mujer he oído decir, y varias veces, que por sus hijos serían capaces de lo imaginable e inimaginable, con tal de alejarles del sufrimiento, calamidad, penuria e impedimentos.

Es este un sentimiento que solo las madres pueden comprender en el más herido orgullo cuando tocan a sus hijos, y que los hombres contemplamos como testigos mudos, dando fe de la rotunda afirmación cuando este tema es tratado en reuniones o sobremesas.

A propósito de noticias de abandono de niños, siendo incomprensibles por la mayoría, son ellas, debido al instinto protector arraigado y grabado con cinceles del amor, jueces implacables que pronuncian la sentencia con firmeza y sin replica por parte del reo.

La ejecución que siendo temprana es representada por el amanecer, constatando la celeridad y deseos de no permitir a la culpable ni un día más del disfrute del privilegio de la vida, hace que la mujer que mancha el sagrado compromiso para con las criaturas, sea maldecida, apartada, rechazada y repudiada por las que se enteran de la noticia en corro o por algún informativo mientras cenan en familia.

La ultima victima es un bebe de diez días al que dejaron abandonado en una iglesia. José Antonio, que es el nombre compuesto propuesto en homenaje a quien le encontró y al cura, esta bajo la tutela de la comunidad de Madrid a la espera de localizar a su madre, o ser dado en adopción a una de las 2500 parejas que figuran en el registro de solicitantes; para estos deseosos padres, es si cabe mas cruel, calificando como aberración el abandono de la criatura que ansían durante largo tiempo, privados del enigmático milagro.

Una dura espera, por culpa de la lenta burocracia administrativa, que retiene a 1800 bebes, niños y adolescentes, apartándoles de vivir en un hogar en el que se les espera.

Bien hubiera podido esta madre haber renunciado al recién nacido en el hospital en el momento del nacimiento, pasando a engrosar la lista de las 69 embarazadas que lo han hecho en la Comunidad de La Esperanza durante este año, pero la impuesta etiqueta de la sinrazón marcaría la acción deshonrosa de la donante y pondría más en evidencia una frialdad, una calculadora personalidad, una inmadurez, muchos miedos, la incapacidad a afrontar avatares de la vida, o una mezcla de todas; defectos y razones de lo humano, respetables, compartidas o no, pero con una victima que no entendiendo nada se limita a venir al mundo llorando igual que todos.

El bebe estaba bien cuidado, lo que demuestra el cariño y atenciones de alguien. La justicia prevé para la mujer una pena de 2 a 4 años de cárcel, dependiendo del daño infringido. Pero la sentencia de la sociedad, más dura que ninguna otra, es clara.

¿Podría la mujer decir algo en su defensa que las demás madres comprendieran? ¿Y si salvó la vida del niño porque no podía alimentarle? No es de extrañar encontrar a alguien que sin recursos se sienta o esté realmente sola, sin nadie a quien acudir, no pudiendo ser auxiliada por quien no vuelve la cara incomodado por una suplica de ayuda o un litro de leche.

Alguna poderosa razón tuvo que llevar a quien trató bien a su hijo durante más de una semana, permitiendo incluso hacerle la prueba del talón, a tener que desprenderse de su más amada pertenencia, sacrificando su conciencia de por vida, por la supervivencia de su ser.

Al menos sería un alivio para muchos ver que no todo es igual otra vez.

Desgraciadamente soy solo un hombre; juez de la traicionera acción, pero como ya dije, testigo mudo en el desgarrador mundo del sentir de una madre.

Buenos días.

Publicado septiembre 8, 2008 por elportaminas
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El gato estaba especialmente juguetón, cuando legañoso y con chancletas, abrió la puerta del salón.

Tomó la decisión de aislar al felino en cómodo presidio de cojines, televisión y calefacción central, para evitar, en un ataque de locura programada, acabar con la séptima alma del maniático que afilaba sus uñas desperezadamente en el sillón que tenía en la habitación; los hilos blancos colgaban heridos haciéndose notar contrastando con el aterciopelado color rubí en que se sentaba a ponerse los calcetines, cuando no estaba lleno de ropa amontonada y lista para el remojón en suavizante.

Misi, era un callejero rescatado de un saco, que en dirección a la presa llevaba la señora María en la mano, para una vez más terminar con la camada de la gata parda, que ligera de cascos, gustaba de salir por las noches sin importarla encontrar por compañía aristogato o habitante del arrabal.

Mientras el dueño lo miraba pensando en que el sobrepeso de la buena vida se acomodaba bajo un pelaje brillante y salpicado de rayas oscuras, la mascota se divertía con algo entre sus patas delanteras, estirado y volteándose sobre los lomos, en actitud tan simpática que invitaba a la imitación sobre la placentera tarima.

Esbozando una sonrisa volvió a encerrarlo y presto comenzó el rutinario aseo.

Durante el ceremonioso y sosegado cepillado de dientes, que tiempo habría de correr en el trabajo, en vez de mirarse durante interminables minutos al espejo y huyendo de la obsesión con la imagen aceptándose tal cual, le gustaba reflexionar y trazar el plan de ataque a la jornada mientras la mano, ajena a reuniones del mando táctico, ejecutaba ordenes precisas del dentista.

La semana anterior había leído en una revista un articulo titulado “10 claves para ser feliz” y ya que era imposible dedicar tiempo al descanso y hacer el amor regularmente, planificaba minuciosamente salidas con amigos, visitas al cine o paseos por el campo.

Embadurnado en espuma de afeitar acompasaba el paso de la cuchilla, ahora perfilando la perilla, con un canto gutural en desafiante atentando contra la métrica musical.

Con media cara rasurada, se preocupó por un detalle escapado a la conciencia y que ahora amenazaba su felicidad, repasando la primera instantánea del comedor.

¿Con que estaba jugando el gato?

Apresurado, se asomó, y la imagen de frágiles huesos rotos a merced de peludos puños golpearon el más que nunca etéreo buen humor.

El hámster había escapado de su jaula rodante y blanco de pelo, fue diana, delicia de juegos y objeto del indomable instinto de la que creía inofensiva mascota.

Masajeando en círculos sus ojos y con media cara escondida tras color de mimo, decidió sin más acostarse de nuevo en previsión de no tener que arrepentirse de nada más en el transcurso de la fecha, convencido de que hay mañanas en que es mejor no levantarse.

Dura lección, que por ser la victima un roedor esconde el olvido del humano, exculpa al asesino y homenajea al pobre animal que se enfrentó a un gato sin la menor de las posibilidades, por culpa de un sillón y poniendo de relieve la incontestable verdad como es que, disgusto de los unos provoca delicias de los otros.

Amo y mascota durmieron placidamente hasta el siguiente amanecer, más contentos que el que lo hizo eternamente.

Nadie dijo que la ley del más fuerte, no fuera una jodienda.

Verdad, beso o atrevimiento: el arte de elegir bien

Publicado septiembre 6, 2008 por elportaminas
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Que manía les han entrado a los comercios con hacer cambios durante estos meses de verano, sin pensar en los maridos inútiles que durante los fines de semana y vacaciones experimentamos la irrefrenable llamada del cazador, que nos hace salir en busca del sustento para la familia.

¿Nadie ha pensado en el plano tipo Zoo?

Touché; los que no me habéis creído es porque me entendéis, y habéis captado la ironía entre una bonita y adornada forma de camuflar la estampida producida ante la desesperante perspectiva de una limpieza general.

En las pocas veces en que nos permitimos gritar “…los hombres y los niños primero…”, cualquier excusa es buena para ocupar los botes que nos salven del naufragio ente lejías, fregasuelos y limpia cristales; desde lavar el coche al que ya le salen de la carrocería los tallos de alpiste, a llevar a cortar el pelo a la perra en un arranque de compasión hacia el pobre animal, la picaresca aflora siendo importante elegir bien la trama que nos permita, lazarillos de la vida, salvarnos del cachete del que ni ciego, ni de Tormes, generalmente a vueltas de todo, cuando vamos el ya viene.

Creí que por ser agosto habría poca gente y estando equivocado, siendo tarde y peor el remedio que la enfermedad, me rondaba la imagen del farsante apaleado, que mejor con guantes en la mano que recibiendo los calambres del carro, que ingobernable, me llevaba cual beodo de un lado a otro del pasillo.

Jamás realizar una lista de la compra me resultó tan complicado. Perdido entre mil tipos de salsas no encontraba la curry, elegí en suerte el saco de la patata podrida y estando en la caja repasando como un piloto la “check list” preparada por mi mujer, escrita para más INRI a lapicero que se borraba en los dobleces por el manoseo en los giros y revueltas, la maldición del olvido del papel higiénico propició un aborto del aterrizaje sobre la pista rodante que mostraba en cabecera el rótulo “próximo cliente”.

Nos quejamos de la cajera lenta, pero ahí es nada cuando te toca la Fittipaldi del láser, que no has conseguido abrir la primera bolsa, cuando ya te está recitando la dolorosa, ante la inquisitiva mirada de los que tendrán que esperar hasta que tengas al pasaje empaquetado y listo para el despegue.

Todo iba rodado. Bajo un sol de justicia, lejos de ser título de un Western y tirando del vehículo que si difícil era de manejar dentro del centro, sobre el asfalto iba desbocado, faltaba encontrar el coche en el aparcamiento, subir la compra a casa y rezar porque los huevos no sufrieran ningún percance, refiriéndome evidentemente a los del cartón, no teniendo nada que ver los de la güevera.

Mi periplo acabó en la cocina, esperando la nota final del examen y mostrando la sonrisa del que no ha dado ni una y se ha gastado una pasta.

Entre cartel de oferta y anuncio publicitario, no estaría mal un rotulo informativo que dijera:

“Actividad de alto riesgo. Abstenerse aficionados”.

El único consuelo será llegado el momento y mirando al portarrollos pensar:

- Menos mal que no se me olvidó el papel de váter.

Hacer bien la compra, llegando a fin de mes sin morir en el intento, es todo un arte que no está al alcance de mis manos y que me hace reconocer la labor de las impagadas y no reconocidas trabajadoras amas de casa (…y amos).

Pedaleos olvidados.

Publicado septiembre 5, 2008 por elportaminas
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Por más que lo intento, no consigo recordar el momento en el que aprendí a montar en bicicleta sin los ruidosos patines. El cómo, con quién y cuando, reposan en algún escondrijo de la memoria o habrá sido sustituido por cualquier otro dato, que caprichoso cerebro, consideró más importante.

Si algo cambiaría en una alucinante vuelta al pasado, utilizando la ingeniosa patente multimillonaria del innovador departamento del magnate Gates encargado de alucinaciones virtuales, sin necesidad de reseteo mental o amnesia permanente debido a efecto secundario por el viaje, sin duda ocuparía el primer puesto empezar una bitácora en la que apuntar experiencias importantes, tras trillar y separar trigo de paja, de aquellos momentos que alegremente desechamos.

Cuando nacemos, nuestros padres compran o reciben con agrado el maravilloso libro de “mis recuerdos”, en el que figuran en sus primeras páginas, el nombre, fecha del maravilloso desenlace y puede que la primera fotografía del pelón en el único momento de la tarde en que, saciado de teta, dejó de fruncir el ceño en gesto que tanto recordaba a la familia de…; luego nada más. Punto y final a la novedad y si te he visto no me acuerdo, pronunciado el primer y único eructo que hizo gracia.

Ayer por la tarde estuve con mi hijo en el parque cumplimentando con grafismos de paciencia el expediente de tradiciones y obligaciones de un padre, sintiéndome inevitablemente sujeto por similitudes de antaño. Mi reflejo en él, fueron suficientes para contestar interrogantes de respuestas perdidas en los tiempos.

Dudosas remembranzas afloraron, viendo y preocupado por los giros desorbitados, el desacompasado pedaleo, la mirada al suelo presagio del choque, el sudor que provocado por el nerviosismo escondió el del brutal esfuerzo enfundado y disimulado en el empeño, y las manos tintadas en polvo y sudor aferradas al manillar, que a modo de torno intentaban atenazar la trayectoria en línea recta que solo el toque de pluma dado por la experiencia conseguirá un perfecto rumbo o trazada.

Verle, fue el regalo suplente de mi olvido, que ahora reclamado, creí sin importancia.

Objetivo logrado por su parte y por la mía, nos fuimos a casa con los deberes hechos. El parte de guerra, acorde a la batalla, se saldó con dolor de piernas, rodillas de Nazareno, zapatillas reventadas y dos sonrisas de oreja a oreja con las que padre e hijo sellamos el compromiso de pedaleo para el día siguiente.

Mientras escribo esta entrada, el pequeño deportista ha caído derrotado en el sillón. Le miro, deseando que este día encuentre ubicación más importante en su librería y que cuando llegue el momento localice la vivencia en el rincón de sus agrados.

La silla

Publicado septiembre 4, 2008 por elportaminas
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Se trataba de un hombre octogenario.
Vestía camisa blanca de hilo tan fino, que dejaba entrever debajo una camiseta de tirantes.
Los pantalones oscuros, de un tejido algo más fuerte, subidos hasta más arriba del ombligo y atados, fuertemente, con un cinturón curtido en mil batallas, con el cuero desteñido y arañado por el tiempo, la hebilla deslucida y graciosamente ladeada hacia la izquierda.
La cabeza cubierta con una gorra azul celeste que seguro ocupaba un puesto vitalicio desde hacia mucho tiempo en tan altiva posición.
En la mano, cual centenaria arma blandida en tiempos de juventud, una garrota de madera, con una gran goma negra en la punta a modo de bayoneta.
Tenía una cara agradable, rebosaba simpatía. Puede que alguna vez tuviera los ojos claros;
el tiempo, implacable, borra toda mirada de vida como si se tratara de un tributo cobrado por haber sido testigo tantas veces.
Miraba algo que estaba junto a un contenedor de basura.
Era una silla que alguien había tirado. Su estado era deplorable, la tapicería rota y desgastada, el respaldo cedido por el uso y una de las patas reparada con precinto.
Había cumplido su función con creces.
¡Estaba en el sitio justo¡
La estudiaba desde todas las perspectivas. En un penoso intento de agacharse le faltó poco para perder el equilibrio. No cejó en su idea y tras afianzar su apoyo contra la acera en un ángulo más agudo y estirar una pierna en antiestética postura, consiguió palpar el pegajoso vendaje.
Su indignación crecía por momentos.
Los que en ese momento pasábamos por allí le oíamos relatar lo que parecía una locura de viejo.
- ¿Cómo se puede tirar una silla que esta nueva? Después dicen que hay crisis.
Nos hizo gracia en un primer momento y todos esbozamos, sin malicia alguna, una sonrisa.
Por su cabeza pasó la idea de cargar con ella, pero su cuerpo en rebelde desacuerdo terminó por disuadirle.
Una hora mas tarde, asomado en la terraza de mi casa, pude ver, como un hombre joven cargaba con ese mismo asiento a la espalda.
No pude por más que acordarme del viejo tasador de la basura.
No se si volveré a encontrarle para decirle que comprendo su enfado, que viejo no significa inservible, que no pude ver en un primer momento la similitud entre la raída silla y él.

Hay personas que, movidas por la necesidad, si saben captar la esencia y utilidad de las cosas que otros desechamos, personas que todavía comprenden que el envoltorio es solo, y en muchas ocasiones, una treta comercial.
Ven el fondo y no la forma.

La vida nos ofrece continuas enseñanzas y la mayoría de las veces no sabemos tomar apuntes.
Nos ponemos en evidencia al creernos y sentirnos por siempre, esos jóvenes alumnos aventajados en la carrera hacia nuestro deterioro.

Mucho ruido y pocas nueces: final

Publicado septiembre 3, 2008 por elportaminas
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Imitando a Bill Murray, y al igual que él, inmerso en la que creíamos literatura fantástica llevada a las pantallas, en tanto el actor vivía y revivía sus idílicas paramnesias en las que atrapado por el tiempo en el pueblo de Punxsutawney y sonando en el despertador puntual cada amanecer el I Got You Babe, intentaba cada inusual jornada conquistar a la estupenda cincuentona Andie MacDowell, yo, impotente ante las circunstancias, prestaba poder de decisión a la relajada marmota sobre las de antemano planificadas en tradición actividades de un día ocioso en la costa castellonense.

Periodista e imitador tendríamos que haber madurado la primera tentación de terminar con el peludo animal que tan alegremente vaticina y juega con el tiempo, o acabar con el todo menos simpático viejecito del espantoso sombrerito, que con mucha idea se cuidó un sobresueldo en la jubilación, traduciendo sonidos escuchados en cómica atención a un mamífero dentón.

Afrontando mi séptimo despertar y con más resignación que paciencia, sentado a la sombra bajo la palmera de colores azul, rojo, amarillo y naranja, salpicada con graciosos dibujos de Mortadelo y seguro de no recibir impacto de coco que pesando me despertara del soporífero divertimento, observaba la sofocante incultura del bronceado por la que se mide el grado de satisfacción durante el periodo vacacional en función del tono que de blancos a cafés, pasando por el del cangrejo cocido, se divisan por doquier.

Nada mas importa y las visitas a pueblos, castillos o museos son sacrificadas por interminables horas en el tostadero, que empezando en la mañana se suceden interesadas e igual de posesivas hasta que la jugarreta del astro rey, obliga en rubicunda retirada a la búsqueda de la hidratación pro-vida hasta una nueva desecación y desazón.

El “…que moreno estás…” a modo de saludo al recién llegado de la playa, es argumento concluyente de los miles de observadores que testigos del paso del tiempo, segundo tras sofoco, sacrificamos y destrozamos las espaldas por olvido de tumbonas, cayendo de nuevo en la trampa de otros años.

La revancha, es el disfrute que provocan las caras de los nuevos orgullosos churrascados y tiñosos de piel que regresaron hace semanas, y que al juntarse, se lanzan dardos envidiosamente envenenados con un “…pues no se te nota tanto…”.

Lastima no tuviese el día veinte horas de sol que nos permitiera degustar de tan mala leche frita de los unos y los otros, que fijan a un año vista redoblar sus esfuerzos para resarcir agravio tan doloroso y cargado de ampollas.

Pírrico balance, en lo cultural, de la semana de vacaciones agotada tan despacio como esperada en el transcurso del tiempo, únicamente salvadas por el disfrute de la convivencia en familia, en la que orgullosamente incluyo a mi suegra, y que tristemente engordan por lo rutinario la estadística del “… hay que ver como se nos pasa la vida”.

Un golpe de calor nubla mis sentidos.

Miro al cielo y veo una gaviota que jocosa y en vuelo rasante porta un cartel que dice:

“Las autoridades sanitarias recuerdan los peligros de tomar el sol sin moderación.”

Como Sísifo, y mientras sigue empujando la piedra en un bucle por mandato divino, castigadas pieles alimentan irresponsabilidades, debilidades y desafíos a enfermedades anunciadas, engañándonos con que, una vez al año no hace daño…

Mucho ruido y pocas nueces: Parte I

Publicado septiembre 2, 2008 por elportaminas
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Viniendo desde la meseta, no es de extrañar que al veraneante patrón de la nao, asentado en tierras de ulterior, profano en situación de proas o popas y dándole igual si rumbo a estribor termine en giros a la izquierda, se le antoje, si cabe, más inmenso el mar con cada encuentro anual que al acostumbrado observador de horizontes surcados con habituada mirada como testigo de una travesía más.

Las noventa leguas por caminos asfaltados en rectas interminables, cargados con la ilusión reflejada en el rostro de los grumetes, mitigaron el cansancio y calor por las estipuladas cartas de marear, que nos privaron del antojo de guías en el cielo, luces y señales de navegantes a los que indicaban la derrota.

Arribamos al apartamento siendo dominante la noche; echando el capitán en falta a los estibadores que batiéndose en retirada abandonaron aparcamiento, oficial y fardos ante la premura de visita a excusados obligados y visión sofocante de escaleras a un segundo, fue menester afrontar el puente y único camino a los camarotes de la tripulación, en paso ascendente y subiendo, utilizando la redundancia a propósito para enfatizar la sudorífica píldora, cargado de avíos y batimentos.

Parada y fonda merecida y obligada fue en posada de puerto para el abastecimiento de estómagos, que guiados por olores salados y agrios de cocina con bases de perejil y ajo, nos sugirieron una cena mediterránea, dejando a un lado exquisiteces gastronómicas de Barlovento a base de bananas, cocos, marañones, papayas y vino de caña.

La apetitosa sepia a la plancha con su ensalada, que en suerte formaban las hojas del cogollo para regocijo mío y dichos ofensivos rayando la indecencia de comensales precedentes, marcó la voz del abordaje en el enfrentamiento de corsarios kilogramos que con patente real se apoderaron de mi cuerpo resultando el hundimiento de la línea de flotación más de lo permitido en una travesía tan corta.

Con una privilegiada vista desde la terraza, a escasos cincuenta metros de la orilla y acunados por el envolvente y cautivador sonido de las olas, nos dejamos mecer por olores de ozono y frescura esperando dormidos y olvidando imaginarias, la mañana de vivos colores dominados por tonos azules y verdes de pinos tan salvajes como antaño y respetados en el tiempo entre carteles anunciadores de un parque natural, sudados y oxidados por salitre.

Los tres cerditos.

Publicado agosto 14, 2008 por elportaminas
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En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar de la fiera, los cerditos decidieron hacerse una casa.”

El cuento escrito hace trescientos años y que Walt Disney se encargó de dar a conocer allá por 1933, en un afán por atrapar al mundo mediante mensajes subliminales en las redes de la doble moral americana, y en la que la fábula de una tortura al diferente , sin importar razón ni motivos, entraba por los oídos sin necesidad del incomodo pitido superpuesto, tambalea hoy la vivienda y convivencia del cochino previsor, que en un alarde de cochambre porcina descubrió que nada mejor que vivir en una construcción de sólido ladrillo para, escondido entre la multitud, disimular el aroma jamonero de la existencia en vida.

Dejando de lado la versión del cuentista y mostrando previo aviso el ” no apto para menores de trece años”, los hechos revelan que la urbanización creció aprovechando un momento de bonanza económica y en una avalancha de especulación urbanística y rodeados de chalés, los tres marranos decidieron vivir juntos, formando parte de una comunidad en la que las comodidades y entendimiento hacían las delicias de los hermanos, tranquilos por el arropamiento de los numerosos miembros que les permitía dormir sin la preocupación del merodeador depredador, del que por cierto misteriosamente nunca jamás se supo nada tras el remojón en el caldero en su intento de entrar por la chimenea.

Haciendo hogar de las cuatro paredes que en un principio es casa, los guarros la convirtieron en la cómoda pocilga en la que nacieron y bien criados crecieron; escudados en que de puertas para adentro y sin pulsador de alarma vandálica, en nada interviene el vecindario sobre gustos decorativos, preferencias culinarias o mascarillas y rebozados cutáneos a base de excrementos que tan saludables y buenos resultados ofrecen en la luminosa y sonrosada piel de un verraco, el parque recreativo de la porqueriza del cuarto crecía sin control.

Queriendo hacer participes a los vecinos de semejante sensación de vivir, decidieron convertir la comunidad en parte de su dominio y expulsados del grupo por la devaluación del caché de Brenda y compañía, llegaron y viven en un piso alquilado dentro de mi edificio, del que casualmente tengo el impuesto honor de ser presidente durante un año.

He de reconocer que siempre me moví mejor entre personas, desarrollando un peculiar respeto hacia los animales, pero teniendo siempre claro el sitio que corresponde a cada uno.

Difícil situación con oscura perspectiva la que se me presenta, que tornándose, fin de semana tras fin de semana, de un marrón claro a un caqui mierda por las cada vez guarrerías más animales con las que nos sorprenden, no dejaron mas alternativa que llamar al lobo feroz, que en el cuento omitieron vive de una suculenta renta mensual por alquiler de viviendas a los puercos inadaptados y que con el invento de las transferencias, nada se volvió a saber de él en su territorio de soltería. Que perfecta adaptación al medio, consiguiendo el dueño esconder tan frondoso rabo tras uno rosado y muellemente cargado de euros.

Cuando tradiciones animales y convivencia se enfrentan en desacuerdo, los concursos de salivazos en espejos de los ascensores, roturas de cristales, colillas por el suelo y llaves de la luz machacadas a coces se suceden en represalia, llegando por la falta de conciencia y educación, a mear por las esquinas en un alarde primitivo de volver a marcar territorios del que tantas veces fueron y son arrojados.

Toda fabula termina con una enseñanza, y no siendo esta de menos, evitando caer en la embriaguez del símil con botellas de licores de peras y manzanas que al parecer tan mal regusto dejan al mezclarse a la derecha de la boca, permítaseme un insustancial y novedoso ripio recordando y utilizando a Calderón de la Barca para declarar que para algunos:

La vida es mierda,

…y los cerdos, cerdos son.


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