¿Existe alguna poderosa razón para abandonar un hijo?
A lo largo de mi vida, a más de una mujer he oído decir, y varias veces, que por sus hijos serían capaces de lo imaginable e inimaginable, con tal de alejarles del sufrimiento, calamidad, penuria e impedimentos.
Es este un sentimiento que solo las madres pueden comprender en el más herido orgullo cuando tocan a sus hijos, y que los hombres contemplamos como testigos mudos, dando fe de la rotunda afirmación cuando este tema es tratado en reuniones o sobremesas.
A propósito de noticias de abandono de niños, siendo incomprensibles por la mayoría, son ellas, debido al instinto protector arraigado y grabado con cinceles del amor, jueces implacables que pronuncian la sentencia con firmeza y sin replica por parte del reo.
La ejecución que siendo temprana es representada por el amanecer, constatando la celeridad y deseos de no permitir a la culpable ni un día más del disfrute del privilegio de la vida, hace que la mujer que mancha el sagrado compromiso para con las criaturas, sea maldecida, apartada, rechazada y repudiada por las que se enteran de la noticia en corro o por algún informativo mientras cenan en familia.
La ultima victima es un bebe de diez días al que dejaron abandonado en una iglesia. José Antonio, que es el nombre compuesto propuesto en homenaje a quien le encontró y al cura, esta bajo la tutela de la comunidad de Madrid a la espera de localizar a su madre, o ser dado en adopción a una de las 2500 parejas que figuran en el registro de solicitantes; para estos deseosos padres, es si cabe mas cruel, calificando como aberración el abandono de la criatura que ansían durante largo tiempo, privados del enigmático milagro.
Una dura espera, por culpa de la lenta burocracia administrativa, que retiene a 1800 bebes, niños y adolescentes, apartándoles de vivir en un hogar en el que se les espera.
Bien hubiera podido esta madre haber renunciado al recién nacido en el hospital en el momento del nacimiento, pasando a engrosar la lista de las 69 embarazadas que lo han hecho en la Comunidad de La Esperanza durante este año, pero la impuesta etiqueta de la sinrazón marcaría la acción deshonrosa de la donante y pondría más en evidencia una frialdad, una calculadora personalidad, una inmadurez, muchos miedos, la incapacidad a afrontar avatares de la vida, o una mezcla de todas; defectos y razones de lo humano, respetables, compartidas o no, pero con una victima que no entendiendo nada se limita a venir al mundo llorando igual que todos.
El bebe estaba bien cuidado, lo que demuestra el cariño y atenciones de alguien. La justicia prevé para la mujer una pena de 2 a 4 años de cárcel, dependiendo del daño infringido. Pero la sentencia de la sociedad, más dura que ninguna otra, es clara.
¿Podría la mujer decir algo en su defensa que las demás madres comprendieran? ¿Y si salvó la vida del niño porque no podía alimentarle? No es de extrañar encontrar a alguien que sin recursos se sienta o esté realmente sola, sin nadie a quien acudir, no pudiendo ser auxiliada por quien no vuelve la cara incomodado por una suplica de ayuda o un litro de leche.
Alguna poderosa razón tuvo que llevar a quien trató bien a su hijo durante más de una semana, permitiendo incluso hacerle la prueba del talón, a tener que desprenderse de su más amada pertenencia, sacrificando su conciencia de por vida, por la supervivencia de su ser.
Al menos sería un alivio para muchos ver que no todo es igual otra vez.
Desgraciadamente soy solo un hombre; juez de la traicionera acción, pero como ya dije, testigo mudo en el desgarrador mundo del sentir de una madre.